lunes, 26 de octubre de 2015

"La concha de tu madre"



Esa lindeza por la que en Argentina pueden reírse o pueden romperte la cabeza, todo depende del contexto, le va a costar caro a Javier Mascherano, el mil usos del Barcelona. El epíteto se lo dedicó, aunque su entorno lo niegue, a un juez de línea del partido contra el Eibar, el pasado domingo en el Nou Camp. Vale equiparar en esas circunstancias el mexicanísimo "hijo de la chingada" con el "la concha de tu madre". Y para qué mencionar la consigna que nos hace fuertes en las gradas: "puto". Claro, no es lo mismo mentarle la madre al árbitro en su cara que denostar masiva y sexistamente bajo el cobarde amparo del anonimato.

La broma le puede costar a Mascherano hasta cuatro partidos y, de ser así, quedaría fuera del derby español Madrid-Barcelona a jugarse el 21 de noviembre. Todo depende ahora de unos señores que no son precisamente expertos de la Real Academia de la Lengua. Si se ponen delicados y, por ejemplo, la mayoría de ellos ya no tienen madre, es más que probable que el argentino vea cuatro partidos desde la grada.

Discuten ahora en España hasta qué punto "la concha de tu madre" es o no un insulto. Terreno resbaladizo, sobre todo en un país como el ibérico, donde las mentadas alcanzan lo divino y lo terrenal. Si la FIFA en el Mundial Brasil 2014 ya dictaminó que el término "puto" era parte de los usos y costumbres de la hinchada mexicana, habría que aplicar entonces el mismo rasero para unas exclamaciones que son de uso común en cada país.

Asunto de gustos y sensibilidades, y el del joven juez de línea español del Barcelona-Eibar "la concha de tu madre" le sonó como el peor de los insultos. Tal vez habría que discutir sobre la pertinencia de que los árbitros y sus asistentes salten a las canchas provistos de unos bueno tapones. De esa manera facilitarían el normal desarrollo del juego.

Hay que reconocer que la labor de esos señores que se la pasan corriendo con un silbato en la boca es ciertamente ingrata y desagradable. La mayoría de ellos son futbolistas frustrados y ese sentimiento no es fácil de manejar. De hecho sobran denuncias de jugadores que son objeto de insultos por los llamados hombres de negro. Lo que sucede es que esas denuncias nunca son tomadas en cuenta. La palabra que vale es la del árbitro cuando refleja en su acta lo que le da su regalada gana.

No entender que los deportistas se desempeñan bajo una presión casi insoportable equivale a desconocer la esencia del ser humano. Qué pasaría si Carlos Vela en un momento de calentura le dice al réferi que es "puto". En una de esas tiene suerte porque el señor de negro ni idea tiene de lo que encierra el epíteto, pero si resulta que sí en una de esas suspenden a Vela de por vida.

Cuestión de criterio.