domingo, 1 de noviembre de 2015

La víbora



Finalmente el impresentable Sepp Blatter, mandamás de la FIFA en presituación carcelaria, decidió soltar su lengua para embarcar en sus turbios manejos a los presidentes de la UEFA, el francés Michel Platini, y al de la Federación Española de Futbol, el siempre discutido Angel María Villar. Mientras no se demuestre lo contrario ese singular trío que está en el virtual banquillo de los acusados, son inocentes, pero también son la viva imagen de la corrupción que invade la casi totalidad de las estructuras del futbol mundial.

No hay que chutarse un churro de hierba verde para sospechar que, como fruta madura, cada uno de ellos, y muchos más que están en la lista de espera, ya negocian con el FBI para que la vergüenza no sea tanta. Tal vez por eso el suizo Blatter comenzó a soltar la sopa que lleva adentro: si alguien conoce las cloacas de esos lúgubres sótanos futboleros es él, siempre acompañado de una comitiva que vivía a todo tren a la sombra del capo di tutti capi.

Lenta e inexorablemente esos peces gordos están quedándose sin agua. Comenzaron manoteando cuando los gringos los colocaron en su punto de mira: meses después patalean porque ya tienen fecha de caducidad. Por el bien del futbol deben irse a la cárcel, a sus casas o a donde les de su gana. Pero que se vayan.

Y si la escoba llegara al futbol mexicano sería más que saludable. Que acaben con ese régimen esclavista que somete toda disidencia. Por ejemplo el famoso "pacto de caballeros", acuerdo absolutamente ilegal que mina los cimientos de nuestro futbol y castiga a los jugadores que se atreven
a ser libres de esos patrones decimonónicos.

Deprime ver la extrema pasividad de las autoridades gubernamentales ante un comportamiento, el de los dueños de nuestro futbol -con las televisoras a la cabeza-, que atenta contra el más elemental de los derechos laborales: contratarse con quien más paga. Esos señores sostienen contra viento y marea una concepción esclavista de la relación empleador-empleado.

Se entiende que el secretario de Educación, Aurelio Nuño, esté en estos tiempos concentrado en problemas más urgentes, como el desafío de la disidencia magisterial. Pero no está de más que, a ratos, voltee su mirada a un sector que lo atañe directamente. Hay mucha limpieza que hacer en toda la vasta y compleja estructura deportiva del país, pero vale la pena intentarlo.

Y no es necesario meter a nadie en la cárcel para labrar ese necesario y sanador camino. Basta dialogar, escuchar todas las voces, armar consensos. Con paciencia puede lograrse. Con apresuramientos todo se pudre.

Allá cada quien.