lunes, 16 de noviembre de 2015
Malas decisiones, pobres ciudadanos
Este lunes se anunció la cancelación del partido de futbol amistoso entre Bélgica y España a jugarse el martes en Bruselas, la capital europea del aburrimiento.Ya el Estado Islámico ganó otra batalla tras la sangría perpetrada el Viernes-13 en París. Pésima respuesta europea a un desafío que no tiene fecha de caducidad. Los malos hijos del profeta Mahoma lograron sacar lo peor de los gobiernos occidentales. Hoy cancelan un juego de futbol y mañana cancelarán nuestras vidas para meternos en nuestras modernas y equipadas cuevas.
Todo les será más fácil. El pretexto de la violencia será usado como caramelo para dizque proteger nuestras vidas. Ya no nos dejarán salir de nuestras casas, sean ricas o pobres. Por fin todos seremos iguales. Los recintos deportivos se pudrirán sin los gritos que les dan vida y razón de ser. Nuestros hijos ya no irán a las escuelas y universidades.
Cerrarán los espacios públicos: no más museos, no más librerías, no más restaurantes, no más cafeterías, no más conciertos, no más nada de nada. Cierto que suena apocalíptico, seguro que no lo veremos, sobre todo los viejos, pero hacia allá camina la voluntad y la visión de quienes nos pastorean. Y no son los políticos: esos son mayordomos de quienes realmente dictan los designios terrenales.
Son las grandes empresas, es el complejo militar-industrial, todos necesitados de conflictos inventados para mantener a flote sus negocios. Esa gentuza acabará con la creatividad, vale decir, con la gente que piensa diferente, con los sectores sociales reacios a ponerse de rodillas. Nos someterán para que sus negocios no conozcan de huelgas ni descontentos.
El mundo camina hacia la dirección propuesta por la perturbadoras y visionarias obras de George Orwell y Aldous Huxley, pasando por filmes mueve sillones como Apocalypse Now (Ford Coppola) y Blade Runner (Ridley Scott).
En el imponente edificio de la Asamblea Francesa el socialista presidente Francois Hollande propuso este lunes modificar la Constitución para dotar de poderes omnímodos al Ejecutivo. Pidió extender, mientras tanto, por tres meses el estado de emergencia nacional. De seguro pasará la propuesta porque, entre otras cosas, su impresentable predecesor, Nicolas Sarkozy, está aprovechando el dolor ajeno para lucrar políticamente.
El camino no es coartar las libertades civiles, tan arduamente conquistadas a punta de sangre, sudor y lágrimas. El camino es el contrario y pasa por confiar en la ciudadanía y dejarla actuar en los marcos legales establecidos. Y cuando hay desacuerdos entre gobernantes y gobernados la solución no pasa por enviar granaderos vestidos de negro ni militares de verde olivo con todo y sus arsenales.
Las vía es negociar hasta el cansancio. Lo fácil es soltar macanas, botes de humo y balazos. Y matar, desaparecer y secuestrar.
domingo, 15 de noviembre de 2015
Fanatismos
El Rey Ricardo I, conocido como Ricardo Corazón de León, llego a Acre (Palestina) en junio de 1191. De entonces a ahora Occidente ha estado en permanente cruzada contra los llamados sarracenos. En aquellos tiempos se dieron mil y una explicaciones para justificar tamaña invasión, pero todos sabemos que el motor principal de aquellos salvajes entrometidos era someter a unos pueblos sabios pero alejados de las creencias religiosas de Occidente.
Nuestros tiempos son hijos directos de aquellos agravios. Cierto que la humanidad ha avanzado en todos los órdenes, pero también es verdad que permanece en las élites del poder político, económico y militar la tentación de meterse en camisas de once varas.
Imposible no condenar lo sucedido en París el viernes 13 de noviembre, como es inevitable recordar el atentado contra el avión ruso en Egipto y la masacre de Nueva York el fatídico 11-S. Y otras muchas matanzas que no conocemos porque no afectan a Occcidente y consiguientemente se ocultan
Han pasado no pocos años desde las salvajadas de Ricardo I a las salvajadas de nuestros tiempos modernos, pero salvajadas al fin y al cabo. La mala cabeza de los gobernantes, del signo ideológico que sean, no la pagan ellos, pero sí les viene bien porque tienen pretextos para atornillarnos todavía más. No votamos para que esos cabezas huecas declaren la guerra a todo vecino por cuestiones meramente económicas, geoestratégicas ni mucho menos religiosas. Cada nación debe ejercer el derecho a dotarse del gobierno que estime conveniente.
Esas sangrientas e imperdonables decisiones las pagamos nosotros, tengamos el color de piel que tengamos y las creencias religiosas que profesemos. Estamos indefensos. El presidente de Francia, Francois Hollande no estaba en el Bataclan, ni en ninguno de los restaurantes del corazón de París, ni mucho menos estaba desprotegido, como el 90 por ciento de sus gobernados. El señor estaba viendo futbol en el Estadio de Francia, cerca del escenario de la carcinería. Estaba a salvo. Los demás no.
Francia es tal vez el país más multiétnico de Europa junto con Inglaterra. País fascinante que presume de tener como capital a la que no poca gente considera la más bella ciudad del planeta, París, se enfrenta hoy a una cruel disyuntiva: por de pronto ya cerraron sus fronteras. Falta ver si internamente sucumben a la tentación de fregar a los no blanquitos; negros, orientales y árabes, musulmanes o no, que nada tienen que ver con la barbarie del viernes 13.
Algo está fallando en los cimientos de la sociedad terrícola. ¿Cómo explicar qué haya una sangría permanente de ciudadanos europeos que llegan a reforzar las filas del llamado Estado Islámico. ¿Qué hemos hecho para provocar semejante fractura?
Violencia contra mujeres, sexismo desatado, narcotráfico a la medida, muertes, desapariciones, torturas, delincuentes de cuello blanco, miseria creciente, tales son algunos de los males que aquejan a todas las naciones. Y lejos de enmendar la plana, los gobernantes se encastillan, estrechan cercanías y posiciones cómplices mientras los gobernados cada vez creen menos en ellos.
No hacen falta bombas. Hace falta inteligencia y sensibilidad para desactivar por las buenas la bronca social. Menos bombas y más educación, menos bombas y más trabajo, menos bombas y más servicios de salud, menos bombas y menos ricos y más equilibrio social. Y sobre todo, más respeto para quien vive y piensa diferente sin dañar a nadie.
El camino contrario es la barbarie.
domingo, 1 de noviembre de 2015
La víbora
Finalmente el impresentable Sepp Blatter, mandamás de la FIFA en presituación carcelaria, decidió soltar su lengua para embarcar en sus turbios manejos a los presidentes de la UEFA, el francés Michel Platini, y al de la Federación Española de Futbol, el siempre discutido Angel María Villar. Mientras no se demuestre lo contrario ese singular trío que está en el virtual banquillo de los acusados, son inocentes, pero también son la viva imagen de la corrupción que invade la casi totalidad de las estructuras del futbol mundial.
No hay que chutarse un churro de hierba verde para sospechar que, como fruta madura, cada uno de ellos, y muchos más que están en la lista de espera, ya negocian con el FBI para que la vergüenza no sea tanta. Tal vez por eso el suizo Blatter comenzó a soltar la sopa que lleva adentro: si alguien conoce las cloacas de esos lúgubres sótanos futboleros es él, siempre acompañado de una comitiva que vivía a todo tren a la sombra del capo di tutti capi.
Lenta e inexorablemente esos peces gordos están quedándose sin agua. Comenzaron manoteando cuando los gringos los colocaron en su punto de mira: meses después patalean porque ya tienen fecha de caducidad. Por el bien del futbol deben irse a la cárcel, a sus casas o a donde les de su gana. Pero que se vayan.
Y si la escoba llegara al futbol mexicano sería más que saludable. Que acaben con ese régimen esclavista que somete toda disidencia. Por ejemplo el famoso "pacto de caballeros", acuerdo absolutamente ilegal que mina los cimientos de nuestro futbol y castiga a los jugadores que se atreven
a ser libres de esos patrones decimonónicos.
Deprime ver la extrema pasividad de las autoridades gubernamentales ante un comportamiento, el de los dueños de nuestro futbol -con las televisoras a la cabeza-, que atenta contra el más elemental de los derechos laborales: contratarse con quien más paga. Esos señores sostienen contra viento y marea una concepción esclavista de la relación empleador-empleado.
Se entiende que el secretario de Educación, Aurelio Nuño, esté en estos tiempos concentrado en problemas más urgentes, como el desafío de la disidencia magisterial. Pero no está de más que, a ratos, voltee su mirada a un sector que lo atañe directamente. Hay mucha limpieza que hacer en toda la vasta y compleja estructura deportiva del país, pero vale la pena intentarlo.
Y no es necesario meter a nadie en la cárcel para labrar ese necesario y sanador camino. Basta dialogar, escuchar todas las voces, armar consensos. Con paciencia puede lograrse. Con apresuramientos todo se pudre.
Allá cada quien.
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