viernes, 25 de diciembre de 2015

Plata dulce


Josetxo Zaldua. No hubo tregua navideña para los ideólogos de esa cloaca llamada FIFA. Al rechoncho suizo Sepp Blatter, en su tiempo mandamás indiscutible del hoy desafinado ógano futbolero mundial, le siguió el impoluto francés y jefazo de la UEFA, Michel Platini, que olvidó sus fantásticas filigranas siendo futbolista de la Juventus y capitán de la selección francesa, para hartarse de ganar dinero bajita la mano.

Le llegó el turno al octogenario charrúa Eugenio Figueredo, el más reciente mero mero de la  conosureña Conmebol, extraditado a Uruguay y hoy encarcelado por la jueza Adriana de los Santos, en lo que serán unas navidades inolvidables para el pobre ex dirigente futbolero. No quiere caer solito y por eso suelta la sopa con mucho gusto porque de eso depende que se apiaden de él. Habló frente a la juez y reconoció que hubo por medio mucha "plata dulce".

Este viernes el señor decidió recuperar la memoria y empinó al vasco Gorka Villar, hijo predilecto de Angel María Villar, amo y señor del futbol español y encargado ahora de gobernar, interinamente, el futbol mundial. El tal Gorka -Jorge en castellano-, era el abogado de la Conmebol, parece que por expreso deseo de su papi, y se conoc hoy que era un hombre extremadamente avaricioso, que no tenía llenadera.

Ironías de la vida fueron las autoridades de Estados Unidos, con el Departamento del Tesoro a la cabeza, quienes hincaron el diente en el suculento melón del futbol mundial. Ellos, tan alejados de esa disciplina por más que la MLS se esfuerce en despegar, fueron los encargados de checar las cuentas corrientes de la hoy capidisminuida Concacaf para descubrir la cloaca.

Los sobrevivientes sueñan ahora con sentarse en las poltronas de la FIFA y de la UEFA, sin que les importe que ya no podrán despacharse con la cuchara grande, como sucedió hasta ahora. Esas organizaciones nunca saldrán ya del escrutinio público. Se acabó la moderna y global cueva de Alí Babá y las decenas de ladrones que aún quedan por conocerse.

Hoy, Sepp Blatter, el hombre que actuaba convencido de estar por encima de las leyes de los estados miembros de la FIFA, y que amenazaba con enviar al averno a clubes y jugadores que se atrevieran tan siquiera a esbozar tal posibilidad, ha anunciado que recurrirá a la justicia ordinaria para defender su buen nombre.

El viejo aldeano suizo no acaba de entender que una apisonadora le pasó por encima.