domingo, 11 de octubre de 2015
Consolación
Pocos entrenadores apuestan hoy por colocar tres delanteros y lo fían todo a adelantar líneas para ahogar al rival. Lo hizo ayer Ricardo Ferretti y logró sacar el encargo ganando sobre la campana a Estados Unidos en el Rose Bowl de Pasadena, California, tomado por asalto por unos paisanos que nunca abandonan al Tri. Les falta entonar el himno del Liverpool -"nunca caminarás solo". Admirable afición.
Con tres delanteros se atreve a jugar, a nivel de selecciones, el español Vicente del Bosque, y en el mundo de los clubes es diseño casi exclusivo del Barcelona. Hay otros equipos como el Madrid y el Bayern de Munich que combinan a la perfección el juego largo a espaldas de los defensas y los ataques en oleadas. En todos los casos se necesita artillería y un centro del campo que encierre al contrario en su campo. Se dice fácil, hacerlo es otra canción.
Ferretti llegó al día D sabiendo que era un cara o cruz. O salía a verlas venir, con la cautela como vitola, o se lanzaba con todo asumiendo riesgos obvios. Los primeros diez minutos los jugadores estadunidenses no la olieron, corrían enloquecidos detrás de una pelota manejada a su antojo por un desconocido, organizado y aguerrido equipo mexicano. Fiel a su estilo, Javier Hernández abrió la lata a trompicones después de una excelente jugada de la delantera.
Llamativo el caso, si así se le puede llamar, del Chicharito. Es un jugador que siempre se entrega a su camiseta, la que sea: corre, grita y se queja como pocos, y además se permite el lujo de fallar goles más que cantados. Nunca se hunde porque goza de una granítica fortaleza mental. Pero, técnicamente, verlo es una invitación al suicidio. Y ahí está, como saltimbanqui en el futbol europeo. Del Manchester United al Real Madrid, vuelta al equipo inglés para finalmente ser comprado por el Bayer Leverkusen, equipo de media tabla en la Bundesliga.
El Tuca la jugó a vida o muerte y salió por la puerta grande, en olor de multitudes. La jugada le salió redonda. Echó mano de los pesos pesados del vestuario, alejándose de las veleidades que tanto le gustaban al Piojo. Juntó a Jiménez, Oribe y Hernández y a partir de ahí aturulló a la oncena del cariacontecido Jürguen Klinsmann, hoy más cerca de hacer las maletas que de seguir al frente de su selección.
Tampoco fue un paseo. Los gringos no son hermanitas de la caridad y echaron mano del corazón, piernas no tenían piernas, para ponérsela difícil al combinado mexicano. Poco les faltó para cubrir su máximo objetivo: llegar a los penales y apostarle al pánico de los jugadores del Tri cuando se enfrentan a los porteros. Por suerte no llegó esa fatídica instancia.
El triunfo, que eleva a Ferretti a los altares del futbol nacional -así de fácil es el trámite- da un enorme respiro a los mandamases de Televisa y Tv Azteca, primos hermanos a la hora de destrozar al futbol y a los futbolistas. Se ganó el boleto para la Copa de Confederaciones Rusia 2017, una competencia que a las grandes selecciones les cae como en pandorga. Pero de no asistir, las televisoras hubieran perdido unos 30 millones de dólares, divididos en partes desiguales, cual debe.
Y en el ínterin, como quien no quiere la cosa, las mentes brillantes que desgobiernan nuestro futbol oficializaron lo que todos los medios de comunicación ya habían hecho. La contratación del colombiano Juan Carlos Osorio como sucesor del Tuca. Fieles a la opacidad que practican con singular entusiasmo, los directivos de la Federación no tuvieron a bien decirnos cuánto nos va a costar el fichaje del buen Osorio, que se supone culminará el ciclo hasta el mundial Rusia 2018.
Ver para creer.