jueves, 22 de octubre de 2015

La bancarrota



Es imposible ocultar por mucho tiempo los muertos que uno guarda en el armario. Huelen tan feo que siempre salen a la superficie. Así sucede con esos muertos vivientes llamados FIFA y UEFA, universal el primero, europeo el segundo. El hedor que sale de sus amurallados castillos agrede el buen gusto y el sentido común. Son ya entes arcaicos que se disuelven cual azucarillos en café expreso. Sepp Blatter y Michel Platini, aspirante a suceder al suizo en la poltrona de la FIFA, están a un paso del cadalso. Ni en sus familias dan un centavo por ellos.

EL futbol mundial en los pasillos de los pantalones largos hace aguas. Ya es imposible detener esa hemorragia. Esos hombres que se soñaban grandes están hoy en la picota por sus desmedidas ansias de acumular dinero a manos llenas. Las grandes estructuras del futbol enfrentan una crisis sin precedentes. Hace falta que revienten por sus cuatro flancos. Es necesario renovar un negocio que huele a podrido desde hace muchos años.

Todos acusan a todos y todos se lavan las manos ante la hecatombe en curso. Hasta la impoluta Alemania del káiser Franz Beckenbauer (sospechoso de fraude) está en el disparadero, al igual que el presidente de la Federación Española, Angel María Villar. Lo de Alemania es particularmente sorprendente porque siempre nos vendieron que ellos eran incorruptibles e inasequibles al desaliento. Así ha de ser en el común denominador del pueblo alemán, sin duda. Pero después del escándalo de la Volkswagen, que está lejos de terminar, la credibilidad de la incorrupta Alemania está en la cuerda floja. No son mejores que nosotros.

Ese afán recaudatorio que para sí quisiera, por eficiente, nuestro secretario de Hacienda Luis Videgaray está secando a la gallina de los huevos de oro. Nomás hay que ver los estragos del llamado virus FIFA. Los jugadores ya no saben de descansos y se lesionan a cada rato. Los exprimen cual limones. Son maquinitas de hacer dinero que se descomponen cada vez con mayor frecuencia. Cierto es que ganan muy bien, pero también es verdad que los llevan al límite. Las lesiones musculares están a la orden del día y los equipos parecen más enfermerías que combinados de alto rendimiento. No hay cuerpo que aguante tamaño desgaste.

La cúpula del futbol mundial, que incluye a todas las federaciones nacionales, está bajo sospecha. Ya nada será lo mismo a menos que, y en México sabemos mucho de ese tipo de decisiones, nadie resulte responsable del enorme descalabro. Quienes sostienen que el sol no puede taparse con un dedo no saben de lo que son capaces esas mafias futboleras que manejan el negocio como si se tratara de una abarrotería.