martes, 19 de enero de 2016
Kuri, el impresentable
Se llama Fidel Kuri Grajales y se ostenta como amo y señor del Veracruz, pero además es diputado federal priísta, faltaría. Ese tipo se permitió el lujo de agredir el viernes pasado al jefe del arbitraje mexicano, Edgardo Codesal. Todavía no hay sanciones, ni de la Federación, ni mucho menos del PRI o de la Cámara de Diputados. Todos hacen parte de un tejido podrido que socava los cimientos del país. Si eres dueño de un equipo de futbol, si eres militante del PRI y además eres diputado federal, puedes hacer lo que quieras. Esa es hasta hoy la lección.
Ese señor debería estar tras las rejas. Su actuar es vergonzoso y su carta dizque disculpándose es de risa loca. Es un impresentable como tantos que pueblan el teatro futbolero nacional. La diferencia es que él, mal criado al fin y al cabo, se exhibió. Los demás son más cautos, pero no mejores que él. Kuri Grajales debe ser expulsado del futbol nacional.
También Codesal perdió los estribos. Siempre discutido por sus arbitrajes, el charrúa hoy mexicano se calentó ante la embestida de Kuri Grajales y de algún modo se equiparó con el energúmeno dueño de los Tiburones de Veracruz. Es fácil entender la reacción de Codesal pero se supone que le pagan para que sepa ser frío en la peor de las circunstancias.
El asunto ahora es saber qué decisión tomará el cártel formado por los dueños del futbol nacional, una mafia que, por ejemplo, amenaza con el desempleo a los futbolistas que tienen la osadía de querer formar un sindicato que defienda sus intereses. Es una mafia piramidal gobernada con mano de hierro por las dos grandes televisoras que ningunean al futbol y a los aficionados.
Y todo eso sucede porque las máximas autoridades del país lo permiten, como tantas otras cosas. Omisa por desinterés, por interés o por pura cobardía, la clase política mexicana demuestra una vez más su incapacidad para defender a quienes les votan elección tras elección. Tal vez por eso cada vez aumenta más la abstención electoral.
No hay barreras entre la violenta actitud del dueño de los Tiburones de Veracruz y la salvaje puesta en escena de la barra brava de los Rayados de Monterrey en Puebla. Igual sucede con las consignas homofóbicas que pese a la multa de la FIFA se repiten en todos los estadios futboleros del país. Da grima ver a los niños secundando a los cafres adultos que llaman "puto" al arquero rival cuando sacan de puerta.
Si tan lamentable consigna hace parte de los usos y costumbres de este atormentado país, pues realmente estamos todos jodidas. No puede ser que tamañas salvajadas queden impunes.