domingo, 26 de junio de 2016
España: Deja Vu
No se trata de futbol, pero casi. La derecha española de Mariano Rajoy, gallego incombustible, derrotó hoy por goleada a la izquierda nueva y vieja de Pedro Sánchez (PSOE) y Pablo Iglesias (Podemos e Izquierda Unida). No le alcanza el triunfo para hacer gobierno, ni mucho menos, pero el mensaje es contundente: ante la inseguridad la gente vota por la derecha. La izquierda, así sea descafeinada, pierde siempre en ese contexto.
Con sus más y sus menos, el teatro de operaciones es gemelo al del 21 de diciembre, el día después de las pasadas elecciones que nada resolvieron. La película tiene los mismos actores estelares y el mismo resultado posicional. Los partidos nuevos, Podemos-IU y Ciudadanos (neo derecha) se llevaron la peor parte.
Cura de humildad para sus respectivos líderes, Iglesias y Albert Rivera, que apenas hace un mes estaban seguros de comerse al electorado ibérico. No fue así. Los votos socialistas que alimentaron a Podemos el 20 de diciembre regresaron al redil asustados ante los ires y venires de Iglesias, mientras que los votantes del Partido Popular que dieron su favor a Rivera hace seis meses hicieron acto de contrición y se arrepintieron de sus veleidades.
Lo cierto es que no hay nada para nadie, cero certidumbres y muchas interrogantes. En medio de esa desolación, el índice de abstención es el más alto de la era post-franquista. Si ese dato no quiere decir que los españoles están hartos de tanto circo, maroma y teatro, que regrese Confucio y arroje luz sobre esas tinieblas.
Y no es que los españoles no crean en la democracia. no va por ahí el cuento. Creo que la disfrutan, que la gozan, que son muy conscientes cuando deciden votar y cuando deciden que no van a votar. El mensaje de la alta abstención es el más importante de la cita electoral del domingo 26 de junio de 2016.
Hay una creciente sensación de hastío ciudadano respecto hacia el deja vu político. Discursos y más discursos huecos de propuestas y contenidos hacen que el ejército de desafectos a la urnas crezca como la espuma. Y no es una corriente que afecte únicamente a España. Es ya una suerte de pandemia que no conoce de vacunas de última generación.
Asombra que los patidos políticos de todo signo sean incapaces de escuchar el rumor callejero. Son líderes que defienden sus posiciones, ganasdas con cero sudor y mucha grilla, a costillas de la necesidad social. Pasa en todas partes, y las excepciones, que las hay, confirman la regla.